En el año 1993 comienza a gestarse a través de las Señoras de Acción Católica de la Parroquia Nuestra Señora de la Caridad, en sus visitas domiciliarias en el Barrio Nicolás Avellaneda IV, la necesidad de la presencia del Señor en dicho barrio.
Desde el año 1994 se comienza a gestionar la donación de los 10 terrenos destinados a recreación y asistencia social de la comunidad para el Arzobispado de Tucumán, para construir la Capilla y por ende centros de Ayuda o recreación para el Barrio.
Con la llegada del padre Jorge Gandur, en el año 1996, a quien conocía desde la escuela secundaria, se comienza a dar forma la planificación de la futura Capilla.
Cuando nos encontramos, a su llegada, surgió la charla de mi hacer en la Parroquia en el área de Administración y Catequesis y también mi actividad de contadora en el ámbito privado. Este dato hizo que al poco tiempo me pidiera que lo ayudara a organizar la economía de toda la Parroquia junto a las personas que ya lo venían haciendo.
Por ese entonces funcionaba, en lo que hoy son los salones de la Casa de Retiro en La Caridad, un comedor que atendía a los niños de los Barrios Nicolás Avellaneda 1, 2, 3 y 4. Me dijo que urgentemente debíamos construir salones en el Barrio Nicolás Avellaneda para trasladar allí el Comedor y terminar con el flagelo de que los niños vinieran caminando desde allí a buscar su plato de comida. Así lo hicimos, con bastante premura y llegamos a albergar 300 niños a la hora de comer. También en esos salones posteriormente se desarrollaron a partir de 1996 varios proyectos sociales financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo. Al mismo tiempo hicimos una guardería que albergaba niños de 1 a 4 años.
Mientras construíamos el Templo, los encuentros de Catequesis funcionaban en los salones del comedor. El día del niño acostumbrábamos a regalar el libro de los Evangelios a los pequeños alumnos de Primer año de Comunión. Un día el padre me preguntó cómo la llevaba con los libros que habíamos entregado y le contesté que no tan bien, porque la mayoría de ellos no sabían leer o apenas deletreaban. De ese pequeño diálogo, lo contaba él, le surgió la idea de construir un colegio en ese lugar.
Es de destacar la acción rica y fructífera en esta Capilla, ya que las Comuniones y Confirmaciones eran las más numerosas de la jurisdicción parroquial. También era intenso trabajo de las Señoras de la Acción Católica y los grupos de jóvenes. Es de destacar que desde esta comunidad surgió la vocación sacerdotal del hijo, de quién fue la cocinera del comedor.
Cuando estaba construida la Capilla con su sacristía y secretaría, hicimos los trámites para que un médico clínico atendiera en el Barrio 2 días a la semana, usando las instalaciones de la secretaría como consultorio. Un día fui a dejar una bolsa con medicamentos que nos donaban un grupo de farmacéuticos. Era invierno y estuve esperando en el atrio del templo unos 30 minutos. Hacía mucho frio. Le comenté el detalle al padre Jorge y eso le hizo nacer la decisión de construir un centro asistencial con sala de espera. El Centro asistencial Divina Misericordia funciona hoy debidamente equipado con 5 médicos de distintas especialidades, con su enfermería permanente de lunes a viernes.
En el año 2009 el padre Jorge cumplió su deseo de inaugurar el Colegio Divina Misericordia creando en ese entonces el jardín de 4 años con la forma jurídica de Fundación, integrada por feligreses de la Parroquia. Así sucesivamente iban avanzando el jardín de 5 y los grados de Primaria.
A fines del 2011 el padre comenzó con los problemas de salud que lo llevó a su partida a la casa del Padre el 13 de agosto del 2013.
Cuando lo trajeron a Tucumán, desde Buenos Aires, días antes de su partida, fui a rezar con su hermana Anita en los pasillos del sanatorio y de pronto salió un enfermero y nos dijo que pasáramos. Anita entró e inmediatamente salió y me dijo: A vos te llama. Le pregunté: ¿El padre sabe que estoy? Y ella me respondió: El padre lo sabe todo.
Entré, le tomé su mano y con la voz quebrada me dijo: No los abandones. Le pregunté: ¿A quiénes, padre? Me dijo: Al Colegio.
Yo le hice una mueca de sorpresa y siguió diciendo: Muchos son los prodigios y mucho más los que vendrán. Asentí con mi cabeza y salí pidiéndole al Espíritu Santo que nos asistiera, ya que el Colegio, durante su enfermedad se vino abajo en lo económico y con muy pocos alumnos. Con la gracia de Dios, aquí estamos como Cooperativa de Trabajo Educativa de autogestión, con 223 niños en nivel inicial y primario, con un destacado personal docente y administrativo despidiendo este año la Sexta promoción de primaria con mucha alegría y con muy buen concepto en el Ministerio de Educación. En el Colegio somos conscientes que el padre intercede por nosotros desde el cielo.
Tendría muchas más anécdotas para relatar en lo personal y muchas más de tantas otras personas de la Capilla que trabajaron a su lado y lo siguen haciendo hoy por la Gracia de Dios.
El Padre Jorge Antonio Gandur fue sin duda un elegido de Dios. Una persona sensible, sutil, humilde y con una gran vocación de servicio hacia el prójimo.



